EL PASO DE LA FANTASIA A LA REALIDAD

Ahora que llegan las Fiestas de Navidad a todos los padres y  educadores se nos plantean las dudas de cómo afrontar con nuestros chicos las vivencias típicas de estas fiestas, como son Los Reyes Magos, Papa Noël…Muchas preguntas surgen en estos casos cuando ellos avanzan en edad y la fantasía empieza a chocar con su capacidad de análisis de la realidad, el entorno que presiona con rumores al respecto…¿Cuándo es el momento de decírselo a los niños? ¿Hay una edad clave? ¿Cómo debo decírselo? ¿Antes o después? ¿Qué debo hacer si él/ella toma la iniciativa? ¿Pueden perder la confianza en nosotros si creen que les hemos mentido? Si se niegan a aceptarlo ¿Debemos insistir en ello? ¿Les puede afectar a otro tipo de creencias? …

La fantasía es algo muy necesario y beneficioso para los niños hasta cierta edad. Les ayuda a encontrarse mejor en su entorno, manejarlo e interpretarlo de manera positiva y desarrolla habilidades mentales que luego le serán de gran utilidad. Hasta los 5-6 años el niño puede llegar a confundir fácilmente realidad con fantasía y eso es absolutamente normal (exposiciones donde comienzan contando la realidad y acaban divagando, dibujos que les conceden existencia real…) Pero a partir de los 7-8 años es conveniente hacerles ver que sabemos distinguir entre lo que es imaginación y fantasía y lo que no lo es. No se trata de frustrar al niño ya que seguiremos admitiendo su capacidad de imaginar, crear, inventar…pero sí se trata de adaptarlo a un entorno que valorará también su realismo y madurez y a su vez le dejará ser él mismo.

Tres aspectos tendremos en cuenta a la hora de afrontar, por ejemplo, en temas como los de estas Fiestas, la aproximación del niño a la realidad:

—  TEMPERAMENTO/CUALIDADES INNATAS: Niño lógico, niño imaginativo, niño explorador…Cada niñ@ tiene un perfil de temperamento que le hará encajar mejor o peor las noticias al respecto. Los niños con mayor capacidad de imaginar normalmente rechazarán la idea de primeras…Los más lógicos, observadores, verbales…pueden entenderlo mejor pero será necesario cuidar sus sentimientos también. Los exploradores/sociales normalmente tomarán ellos la iniciativa en las “indagaciones” y necesitarán nuestras aclaraciones y pedirles colaboración para que “no lo propaguen”  indebidamente…

—  EDUCACIÓN: Grado de autonomía y madurez nuestra forma de vivir la fantasía también les sirve de modelo a la hora de la tardanza en “darse cuenta” de la realidad. Por ejemplo ante cualquier conducta suya como recoger su habitación podemos darles una explicación lógica de que es necesario colaborar y los beneficios que obtendrá…o decirle que va a venir el “hombre del saco” y se llevará toda su ropa…

—  LO IMPREDECIBLE: El Entorno.  Más allá de lo que eduquemos o las cualidades innatas del niño, será su entorno el que presionará hacia un mundo real con el paso de los años y habrá que preparar al niño para ello, aunque siempre conservando un espacio a la fantasía desplazada a otros campos (creativo, artístico, social…). No podemos controlar lo que venga de fuera, pero sí acogerles en sus dudas y hacerles más llevadero el paso.

 Os dejamos con un cuento que creemos os puede servir de ayuda y guía si estáis en esa “edad” de afrontar tarde o temprano el tema de los Reyes, Papa Noël…

¡Os deseamos desde el Departamento de Orientación felices Navidades y que vuestros sueños y fantasías se hagan realidad!

 Los Reyes Magos son verdad

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Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
– ¿Papá?
– Sí, hija, cuéntame
– Oye, quiero… que me digas la verdad
– Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
– Es que… -titubeó Blanca
– Dime, hija, dime.
– Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
– Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:

– ¿Y tú qué crees, hija?
– Yo no sé papá, que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
– Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero…
– ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
– No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Blanca.

Entonces no lo entiendo papá.
– Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
Cuando el Niño Jesús nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
– ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
– ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
– Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.

Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y su voz se escuchó en el Portal:
– Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
– ¡Oh! necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
– No os preocupéis por eso -dijo el Niño-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
– ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.
– Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños?
– Sí, claro, eso es fundamental – asistieron los tres Reyes.
– Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
– Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
– Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que el Niño Jesús estaba planeando, cuando su voz de nuevo se volvió a oír:
– Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
– Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.

Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
– No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos. 

César