Educar en el asombro

“Cuando muy niños, no necesitamos cuentos de hadas, sino simplemente cuentos. La vida es de por sí bastante interesante. A un niño de siete años puede emocionarle que a Perico, al abrir la puerta, se encuentre con un dragón; pero un niño de tres años le emociona ya bastante que Perico abra la puerta”
G.K. Chesterton
Pensando en esta cita del gran escritor inglés con la que comienza el libro de Catherine L,Ecuyer “Educar en el asombro” hemos querido escribir este artículo sobre un tema que creemos importante en los tiempos educativos actuales.
Muchas veces educadores y padres nos vemos arrastrados por estos tiempos que nos ha tocado vivir a estar en permanente estado de vigilancia-estimulación-exigencia en el desarrollo que nuestros hijos presentan.
En una sociedad permanentemente “conectada e informada”, con multitud de posibilidades y recursos educativos a nuestro alcance y con una visión predominantemente económica y productiva nada parece suficiente para atender, reforzar y desarrollar precozmente a los más pequeños…Pero como dice Chesterton a un niño le satisfacen las cosas más pequeñas, le importan poco los ritmos acelerados y los tiempos impuestos, y encuentra placer y motivación en las cosas más variopintas. A edades tempranas somos el adulto el que analizamos cualquier síntoma de “flaqueza” o inmadurez, el que se empeña en marcar ritmos de desarrollo y el que empieza a valorar al niño por su rendimiento.
No vamos a cambiar este sistema nuestro, que por otro lado no está nada mal en otros muchos aspectos (cuidado y cariño, oportunidades de desarrollo, tolerancia…), pero sí que creemos conveniente reflexionar sobre la verdadera necesidad de convertir la gratificante experiencia educativa en algo diferente a una carrera que acabe agotando a los niños, o incluso aburriéndolos porque no le encuentren sentido (cuando de pequeños “todo tiene un sentido”) , o porque todo esté a su alcance, o incluso en algún caso acaben pensando que es demasiado costoso ser niño…
Ahí os lanzamos algunas ideas para elaborar y debatir en casa:
Observa el verdadero ritmo interior de tu hijo y respétalo. Así como cada niño necesita dormir una serie de horas diferentes y tiene sus propios rituales de sueño, cada niño se interesará más por unas cosas que por otras, necesitará más o menos tiempo para elaborarlas…difícilmente un niño estará a gusto con el ritmo que marcamos en la vida adulta ¿no crees?

El juego es el laboratorio para ensayar y entender la vida ¿Cuánto tiempo dedica a jugar? ¿Cuánto a explorar sin que el juego esté pautado por unas reglas o un soporte tecnológico? ¿Está a menudo en contacto con la naturaleza? Es importante poner límites y normas en su día a día que les dé una referencia y seguridad, pero también pueden explorar controladamente a través del juego otras situaciones, otras experiencias de relación…
No por tenerlo todo se valora todo y se es más feliz…Cuantas más cosas se les dé menos podrán valorarlas, profundizar en su uso, inventar y crear con ellas, apreciar y querer con cuidado. A los niños les gusta repetir las cosas y añadir variaciones: rutina tranquilizadora y espacio para personalizar las cosas. Ellos llevan la ilusión incorporada, la motivación y curiosidad no depende tanto de los resultados obtenidos, ni de los premios…
No todo tiene una explicación, no tratemos de “racionalizar” todas las situaciones. Dejemos espacio para que investiguen, se detengan a contemplar, piensen un poquito en lo que han visto y oído (sentido). No siempre tienen que estar “estimulados”. Pregúntales qué piensan ellos, devuélveles la pelota cuando reclaman soluciones. Un poco de lo que llaman (al comienzo) aburrimiento es la antesala del pensamiento reflexivo y la futura comprensión del mundo y la belleza que les rodea.
Einstein decía que la fórmula del éxito era la siguiente:
TRABAJO+JUEGO+CALLAR LA BOCA
Podríamos resumir este principio diciendo que un buen desarrollo de nuestro niños podría estar basado en un trabajo adaptado a su edad y bien estructurado, pero también en propiciar y mantener su capacidad innata de disfrute y exploración del mundo…y periodos de tranquilidad y reflexión para disfrutar, asimilar y más tarde profundizar en lo enseñado/aprendido. Y de esta manera parece inagotable la capacidad de todo ser humano de asombrarse y crecer en todos los aspectos.

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